I.M. I.
Fiat!!!
16-1
Julio 15, 1923
La Divina Voluntad es principio, medio y fin de toda virtud
y debe ser corona de todo, y cumplimiento de la gloria de
Dios por parte de la criatura.
(1) Estaba rezando fundiéndome toda en la Santísima Voluntad de Dios, pero tenía en mi
mente alguna duda acerca de todo lo que mi dulce Jesús me va diciendo sobre este Santísimo
Querer, y Él, estrechándome a Sí, con una luz que arrojaba en la mente me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Voluntad es principio, medio y fin de toda virtud; sin el germen de mi
Voluntad no se puede dar el nombre de verdadera virtud, Ella es como la semilla a la planta,
que después de que ha profundizado sus raíces bajo tierra, cuanto más profundas son, tanto
más alto se forma el árbol que la semilla contiene. Así que primero está la semilla, ésta forma
las raíces, las raíces tienen la fuerza de hacer brotar de bajo la tierra la planta, y conforme se
van profundizando las raíces así se forman las ramas, las cuales van creciendo tan alto, de
formar una bella corona, y ésta formará la gloria del árbol, el que dando abundantes frutos
formará la utilidad y la gloria de aquél que sembró la semilla. Ésta es la imagen de mi Iglesia:
La semilla es mi Voluntad, en la cual nació y creció, pero para que crezca el árbol se necesita
el tiempo, y para dar fruto en algunos árboles se necesita la duración de siglos; cuanto más
preciosa es la planta tanto más tiempo se necesita. Así el árbol de mi Voluntad, siendo el más
precioso, el más noble y divino, el más alto, se necesitaba el tiempo para hacer crecer y hacer
conocer sus frutos, así que la Iglesia ha conocido la semilla, y no hay santidad sin ella; luego
ha conocido las ramas, pero siempre en torno a este árbol se ha girado; ahora deben
conocerse los frutos para nutrirse de ellos y gozárselos, y ésta será toda mi gloria, mi corona, y
de todas las virtudes y de toda la Iglesia. Ahora, ¿por qué te maravillas de que en vez de
manifestar primero los frutos de mi Querer, te los he manifestado a ti después de tantos
siglos? Si el árbol no se había formado aún, ¿cómo podía hacer conocer los frutos? Todas la
cosas son así: Si se debe hacer un rey, no se corona primero al rey si antes no se forma el
reino, el ejército, los ministros, el palacio real, y al último se corona; y si se quisiera coronar al
rey sin formar el reino, el ejército, etc., sería un rey de burla. Ahora, mi Voluntad debía ser
corona de todo, cumplimiento de mi gloria por parte de las criaturas, porque sólo en mi
Voluntad se puede decir: ‘Todo he cumplido’. Y Yo, encontrando en ella cumplido todo lo que
quiero, no sólo le hago conocer los frutos, sino que la nutro y la hago llegar a tal altura de
sobrepasar a todos; he aquí porqué amo tanto y tengo tanto interés en que los frutos, los
efectos, los bienes inmensos que hay en mi Querer, y el gran bien que el alma recibe con vivir
en Él sean conocidos, pues si no se conocen, ¿cómo se pueden desear? Mucho menos
pueden nutrirse con ellos, y si Yo no hiciera conocer el vivir en mi Querer, qué cosa significa,
los valores que contiene, faltaría la corona a la Creación, a las virtudes, y mi obra sería una
obra sin corona. Mira entonces cuán necesario es que todo lo que te he dicho sobre mi
Querer salga fuera y sea conocido, y también la razón por la que tanto te incito a ti, y el por
qué a ti te parece que te hago salir del orden que he tenido con los demás, haciendo conocer a
éstos y las gracias a ellos hechas después de su muerte, y en cambio contigo permito que aún
en vida, lo que te he dicho acerca de mi Querer sea conocido. Si no se conoce no será ni
1 Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta
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apreciado ni amado, el conocimiento será como el abono al árbol, que hará madurar los frutos,
de los cuales, bien maduros se nutrirán las criaturas. ¿Cuál no será mi contento y el tuyo?”
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16-2
Julio 16, 1923
Jesús todo lo obró y lo sufrió en su Voluntad.
(1) Estaba pensando en la Pasión de mi dulce Jesús y sentía sus penas junto a mí, como si
ahora las estuviera Él sufriendo, y mirándome me ha dicho:
(2) “Hija mía, Yo sufrí todo en mi Voluntad, y a medida que sufría mis penas abrían tantos
caminos en mi Voluntad para llegar a cada criatura. Si no hubiera sufrido en mi Voluntad, que
envuelve todo, mis penas no habrían llegado hasta ti, ni hasta todos y cada uno, habrían
quedado con mi Humanidad; es más, con haberlas sufrido en mi Voluntad no sólo abrían
tantos caminos para ir a todas las criaturas, sino que abrían también tantos otros para hacerlas
entrar a ellas hasta Mí, y unirse con esas penas y darme cada una de las penas que con sus
ofensas me debían dar en todo el curso de los siglos, y mientras Yo estaba bajo la tempestad
de los golpes, mi Voluntad me traía a cada una de las criaturas a golpearme, así que no fueron
sólo aquellos los que me flagelaron, sino las criaturas de todos los tiempos, que habrían con
sus ofensas concurrido a la bárbara flagelación, y así en todas las demás penas mi Voluntad
me traía a todos, ninguno faltaba a la llamada, todos me estaban presentes, ninguno faltó, por
eso mis penas fueron ¡oh, cuánto más duras, más múltiples que las que se vieron! Entonces
si quieres que los ofrecimientos de mis penas, tu compasión y reparación, tus pequeñas
penas, no sólo lleguen hasta Mí, sino que hagan los mismos caminos de las mías, haz que
todo entre en mi Querer, y todas las generaciones recibirán los efectos. Y no sólo mis penas,
sino también mis palabras, porque dichas en mi Voluntad llegaban a todos, como por ejemplo
cuando Pilatos me preguntó si Yo era rey y Yo le respondí: ‘Mi reino no es de este mundo, si
de este mundo fuera, millones de legiones de ángeles me defenderían’. Y Pilatos al verme tan
pobre, humillado, despreciado, se asombró y dijo más marcado: ‘¡Cómo! ¿Tú eres rey?’ Y Yo
con firmeza le respondí a él y a todos los que se encuentran en algún puesto: ‘Rey soy Yo, y
he venido al mundo a enseñar la verdad, y la verdad es que no son los puestos, los reinos, las
dignidades, el derecho de mando lo que hace reinar al hombre, lo que lo ennoblece, lo que lo
eleva sobre todos; es más, éstas cosas son esclavitudes, miserias, que lo hacen servir a viles
pasiones, a hombres injustos, cometiendo también él tantos actos de injusticia que lo
desnoblecen, lo arrojan en el fango y le atraen el odio de sus dependientes, así que las
riquezas son esclavitudes, los puestos son espadas con las que muchos quedan muertos o
heridos; el verdadero reinar es la virtud, el despojamiento de todo, el sacrificarse por todos, el
someterse a todos, y esto es el verdadero reinar que vincula a todos y se hace amar por todos,
por eso mi reino no tendrá jamás fin, y el tuyo está próximo a perecer’. Y estas palabras en mi
Voluntad las hacía llegar a los oídos de todos aquellos que se encuentran en puestos de
autoridad, para hacerles conocer el gran peligro en el que se encuentran, y para poner en
guardia a quienes aspiran a los puestos, a las dignidades, al mando”.
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16-3
Julio 17, 1923
Jesús pone en el alma de Luisa tres columnas para apoyarse.
(1) Me sentía muy afligida por la privación de mi adorable Jesús, y si se hace ver está todo
taciturno. Entonces, esta mañana se dejaba ver en mi interior en medio de dos columnas, y
estaba formando una tercera en medio a éstas, y ahora se apoyaba en una, y ahora en la otra,
y ahora en la columna de en medio que estaba construyendo. Y sorprendida le he dicho:
“Amor mío y vida mía, ¿cuándo pusiste estas columnas en mi interior? Ahora estás más
cómodo, si estás cansado puedes apoyarte en ellas”. Y Él sin prestarme atención continuaba
construyendo la columna y callaba. Entonces yo: “¿Pero dime por qué no me hablas? ¿Qué
hay, en qué te he ofendido? ¿Tal vez mi repugnancia en no querer hacer conocer las
verdades que me dices es lo que te lleva a quererme castigar y por eso callas? Pero yo te
prometí que no lo haré más, y recuerda que quedamos en paz”. Y Jesús mirándome y dando
un fuerte suspiro me ha dicho:
(2) “Hija mía, estoy trabajando, ensanchando, preparando, y cuando Yo trabajo no tengo
ganas de hablar, primero quiero trabajar y después hablar. De tus repugnancias no tengo
cuidado, porque es tanta la potencia de mi Voluntad que obra en ti, que te trituraría si no haces
lo que quiero, tanto, que después de un rechazo eres obligada a correr a mis brazos para
decirme: ‘Jesús, te ruego que me hagas hacer lo que quieres; lo quieres Tú, lo quiero yo, y no
me dejes si no ves que el tuyo y mi querer forman uno solo’. Entonces mi silencio es el
trabajo, y para hacer que el trabajo que estoy haciendo en ti sea más bello, más seguro, más
estable, lo he puesto en medio de dos columnas más fuertes, más altas, las cuales, una es mi
Humanidad, y la otra es mi Mamá, que es sólo donde puedo apoyarme, pero no me bastan
dos apoyos, quiero un tercero, pero si no me lo formo, ¿cómo puedo tenerlo? He aquí el por
qué la necesidad de mi trabajo, tú me prestarás los materiales, los cuales son tus actos
hechos en mi Querer, mientras más hagas más materiales me prestarás, y Yo me esforzaré en
formarlo y después me reposaré y te hablaré. Todo lo que Yo hice y lo que hizo mi amada
Mamá estará todo conectado en esta tercera columna, mi único fin, que sea realizado con un
Querer Eterno, que es el único que puede servirme de apoyo, y que este Querer sea conocido;
pondré en ello tanta gracia que no sólo me dará reposo, sino que me servirá de cátedra, de
voz para enseñar, con los modos más atrayentes, insinuantes y convincentes, qué significa
vivir en mi Querer, y así ya no esté más aislado en medio de mis hijos, sino que reine como en
su propio trono, por eso déjame hacer y sígueme”.
(3) Después ha venido nuevamente y continuaba haciéndose ver en mi interior que estaba
todo atento al trabajo, y en silencio nos mirábamos. He alzado la vista y veía en una columna,
puesta en la cima de ésta, la cabeza de Nuestro Señor, y en la otra la de la Reina Celestial,
ambas coronadas; en la tercera columna que estaba formando, estaba preparada para
ponerse en ella mi cabeza, y la corona que debía coronarla salía, la mitad de la corona de
Nuestro Señor y la otra mitad de la de la Virgen Santísima, que uniéndose juntas estas dos
mitades formaban una sola. Yo he quedado maravillada y encantada, y mi dulce Jesús me ha
dicho:
(4) “Hija mía, has visto cuánto me conviene trabajar para formarme el tercer apoyo, y cómo
tú debes apresurarte en darme los materiales para hacerme trabajar, y a qué altura debe llegar
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para cumplir el trabajo de mi Querer en ti, y qué corona debe ceñir tu frente, por eso no
pierdas un minuto de tiempo y tu vuelo en mi Querer sea continuo”.
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Julio 18, 1923
Sobre la Concepción del Verbo Eterno.
(1) Estaba pensando en el acto en el cual el Verbo Eterno descendió del Cielo y quedó
concebido en el seno de la Inmaculada Reina, y mi siempre amable Jesús, desde dentro de mi
interior ha sacado un brazo, rodeándome el cuello, y en mi interior me decía:
(2) “Hija querida mía, si la Concepción de mi Celestial Mamá fue prodigiosa y fue concebida
en el mar que salió de las Tres Divinas Personas, mi Concepción no fue en el mar que salió de
Nosotros, sino en el gran mar que residía en Nosotros, nuestra misma Divinidad que
descendía en el seno virginal de esta Virgen, y quedé concebido. Es verdad que se dice que
el Verbo quedó concebido, pero mi Padre Celestial y el Espíritu Santo eran inseparables de
Mí; es verdad que Yo tuve la parte actuante, pero Ellos la tuvieron concurrente. Imagínate dos
reflectores, que uno refleje en el otro el mismo sujeto, estos sujetos son tres, el de en medio
toma la parte obrante, sufriente, suplicante, los otros dos están junto, concurren y son
espectadores, así que podría decir que uno de los dos reflectores era la Trinidad Sacrosanta,
el otro mi querida Mamá. Ella, en el breve curso de su vida, con vivir siempre en mi Querer me
preparó en su virginal seno el pequeño terreno divino donde Yo, Verbo Eterno, debía vestirme
de humana carne, porque jamás habría descendido dentro de un terreno humano, y la Trinidad
reflejando en Ella quedó concebida. Entonces, aquella misma Trinidad, mientras quedaba en
el Cielo, quedaba concebida en el seno de esta noble Reina.
(3) Todas las otras cosas, por cuán grandes, nobles, sublimes, prodigiosas, aun la misma
Concepción de la Virgen Reina, todas quedan atrás, no hay cosa que pueda equipararse, ni
amor, ni grandeza, ni potencia a mi Concepción; aquí no se trata de formar una vida, sino de
encerrar la Vida que da vida a todos; no se trata de ensancharme, sino de restringirme para
poderme concebir, no para recibir sino para dar, quien ha creado todo encerrarse en una
creada y pequeñísima Humanidad. Éstas son obras sólo de un Dios, y de un Dios que ama,
que a cualquier costo quiere atar con su amor a la criatura para hacerse amar. Pero esto es
nada aún, ¿sabes tú donde refulgió todo mi amor, toda mi potencia y sabiduría? En cuanto la
potencia divina formó esta pequeñísima Humanidad, tan pequeña que podía compararse al
tamaño de una avellana, pero con los miembros todos proporcionados y formados, el Verbo
quedó concebido en Ella, la inmensidad de mi Voluntad encerrando todas las criaturas
pasadas, presentes y futuras, concibió en Ella todas las vidas de las criaturas, y conforme
crecía la mía, así crecían ellas en Mí, así que mientras aparentemente parecía solo, visto con
el microscopio de mi Voluntad se veían en Mí concebidas todas las criaturas; sucedía de Mí
como cuando se ven aguas cristalinas, que mientras parecen claras, vistas con el microscopio,
¿cuántos microbios no se ven? Fue tal y tanta la grandeza de mi Concepción, que la gran
rueda de la eternidad quedó conmovida y estática al ver los innumerables excesos de mi amor,
y todos los prodigios unidos juntos; toda la mole del universo se estremeció al ver encerrarse a
Aquél que da vida a todo, restringirse, empequeñecerse, encerrar todo, ¿para hacer qué cosa?
Para tomar las vidas de todos y hacer renacer a todos”.
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Julio 19, 1923
Prodigios del Fiat Divino en el gran vacío del alma.
(1) Estaba rezando y abandonándome toda en los brazos de la Santísima Voluntad de Dios,
y mi siempre amable Jesús saliendo de mi interior y dándome la mano me ha dicho:
(2) “Hija mía, ven junto Conmigo y mira el gran vacío que existe entre el Cielo y la tierra.
Este gran vacío antes de que mi Fiat se pronunciara era horrible al verse, todo era desorden,
no se veía ni división de tierra ni de aguas, ni de montes, era un amasijo que daba pavor; en
cuanto mi Fiat se pronunció todas las cosas rodaron agitándose entre ellas, y cada una tomó
su puesto, quedando todas ordenadas con la marca de mi Fiat Eterno, y no pueden apartarse
si mi Fiat no quiere. La tierra no daba ya pavor, es más, al ver la vastedad de los mares, sus
aguas ya no fangosas sino cristalinas, su dulce murmullo, como si las aguas fueran voces que
muy quedito hablasen entre ellas, sus olas fragorosas que a veces se levantan tanto que
parecen montes de agua y que después caen en el mismo mar; ¿cuánta belleza no contiene,
cuánto orden y cuánta atención no despierta en la criatura? Y luego, la tierra toda pintada de
verde y florida, ¿cuánta variedad de belleza no contiene? Sin embargo es nada aún, el vacío
no estaba del todo lleno, y así como mi Fiat se movió sobre la tierra y dividió las cosas y
ordenó la tierra, así, moviéndose arriba, en lo alto, extendí los cielos, los adorné con estrellas,
y para llenar el vacío de la oscuridad creé el sol, el que haciendo huir las tinieblas llenó de luz
este gran vacío y puso el realce de toda la belleza a todo lo creado. Entonces, ¿quién fue la
causa de tanto bien? Mi Fiat Omnipotente, pero este Fiat quiso el vacío para crear esta
máquina del universo.
(3) Ahora hija mía, ¿ves este gran vacío en el que tantas cosas creé? Pues el vacío del
alma es más grande aún, aquél debía servir para habitación del hombre, el vacío del alma
debía servir para habitación de un Dios. No debía pronunciar por seis días mi Fiat como al
crear el universo, sino por cuantos días contiene la vida del hombre, y tantas veces, por
cuantas veces poniendo a un lado su querer hace obrar al mío; por tanto, debiendo mi Fiat
hacer más cosas que las que hizo en la Creación, quería más espacio, ¿pero sabes tú quién
me da campo libre para llenar este gran vacío del alma? Quien vive en mi Querer. Mis Fiat
son repetidamente dichos, cada pensamiento es acompañado por la potencia de mi Fiat, y ¡oh!
cuántas estrellas adornan el cielo de la inteligencia del alma; sus acciones son seguidas por mi
Fiat, y ¡oh! cuántos soles surgen en ella; sus palabras investidas por mi Fiat son más dulces
que el murmullo de las aguas del mar, donde el mar de mis gracias corre para llenar este gran
vacío, y mi Fiat se deleita en formar las olas que llegan hasta más allá del Cielo y de Él
descienden más cargadas para engrandecer el mar del alma. Mi Fiat sopla sobre su corazón,
y de sus latidos forma incendios de amor; mi Fiat no deja nada, inviste cada afecto, las
tendencias, los deseos, y en ellos forma las más bellas florituras. ¿Cuántas cosas no obra mi
Fiat en este gran vacío del alma que vive en mi Querer? ¡Oh! cómo queda atrás toda la
máquina del universo, los cielos quedan estupefactos y miran temblorosos al Fiat Omnipotente
obrante en la voluntad de la criatura y se sienten doblemente felices cada vez que este Fiat
obra y renueva su potencia creadora, así que están todos atentos en torno a Mí para ver
cuando mi Fiat es pronunciado, para alcanzar su doble gloria y felicidad. ¡Oh! si todos
conocieran la potencia de mi Fiat, el gran bien que contiene, todos se darían a merced de mi
Voluntad Omnipotente. Sin embargo, es de llorar, ¿cuántas almas con estos grandes vacíos
en su seno son peores que el gran vacío del universo antes de que mi Fiat fuera pronunciado?
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No aleteando en ellas mi Fiat, todo es desorden, las tinieblas son tan densas que provocan
horror y espanto, es un embrollo todo junto, ninguna cosa está en su lugar, la obra de la
Creación está trastornada en ellas, porque sólo mi Fiat es orden, la voluntad humana es
desorden. Por eso hija de mi Querer, si quieres el orden en ti, haz que mi Fiat sea la vida de
todo en ti, y me darás el gran contento de que mi Fiat pueda desenvolverse, haciendo salir los
prodigios y los bienes que contiene”.
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16-6
Julio 21, 1923
Jesús pide que su Voluntad sea una con la voluntad del alma.
La Divina Voluntad debe ser como el aire que se respira.
(1) Continuando mi habitual estado, oía que mi adorable Jesús en mi interior rezaba
diciendo:
(2) “Padre mío, te pido que nuestra Voluntad sea una con la voluntad de esta pequeña hija
de nuestro Querer, ella es parto legítimo de nuestro Querer; ¡ah! haz que por honor y decoro
de nuestra Voluntad Eterna nada salga de ella que no sea parto de nuestro Querer, y que
nada conozca sino nuestra sola Voluntad, y para obtener esto te ofrezco todos los actos de mi
Humanidad hechos en nuestra adorable Voluntad”.
(3) Después ha hecho un profundo silencio y yo, no sé cómo, me sentía tan transfundida en
los actos que mi Jesús había hecho en la Voluntad Divina, que los iba siguiendo uno por uno,
haciendo el mío unido al suyo. Esto absorbía en mí tantas luces, que Jesús y yo quedábamos
sumergidos en un mar de luz, y Jesús saliendo de dentro de mi interior, poniéndose de pie
apoyaba sus plantas sobre la parte de mi corazón, y agitando la mano, que más que sol
enviaba luz, gritaba fuerte:
(4) “Venid, venid todos, ángeles, santos, viadores, generaciones todas, venid a ver los
portentos y el más grande milagro jamás visto, ¡mi Querer obrante en la criatura!”
(5) A la voz sonora, melodiosa y fuerte de Jesús, que llenaba Cielo y tierra, los Cielos se han
abierto y todos han corrido en torno a Jesús, y miraban en mí para ver cómo obraba la Divina
Voluntad; todos quedaban raptados y agradecían a Jesús por tal exceso de su bondad. Yo he
quedado confundida y humillada a lo sumo, y le he dicho:
(6) “Amor mío, ¿qué haces? Me parece que quieres mostrarme a todos para hacerme
señalar por todos, qué repugnancia siento”.
(7) Y Jesús: “¡Ah! hija mía, es a mi Querer al que quiero que todos conozcan y todos lo
señalen como nuevo Cielo y medio de nueva regeneración, y tú quedarás como sepultada en
mi Voluntad. Mi Voluntad debe ser como el aire que se respira, que mientras no se ve, se
siente, no se ve y da la vida, penetra dondequiera, aun en las más íntimas fibras para dar vida
a cada latido del corazón, dondequiera que Ella entra, en la oscuridad, en las profundidades,
en los lugares más secretos, se constituye vida de todo, así mi Voluntad será más que aire en
ti, que saliendo de ti se constituirá vida de todo, por eso sé más atenta y sigue el Querer de tu
Jesús, porque la atención te hará conocer donde estás, y qué cosa haces; el conocimiento te
hará apreciar más y estimar la divina morada de mi Voluntad. Supón a alguien que se
encuentre en el palacio de un rey, pero que no sepa que todas esas habitaciones pertenecen
al rey, no les tendrá ningún aprecio, andará distraída, hablando, riendo, no se dispondrá a
recibir los dones del rey; pero si sabe que son las habitaciones del rey, entonces mirará con
atención las cosas y las apreciará, andará de puntitas, hablará en voz baja, será todo ojos
para ver si el rey sale de alguna habitación y se pondrá como a la expectativa de recibir
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grandes dones del rey. Mira, la atención es el camino del conocimiento, el conocimiento
cambia la persona y las cosas, y la dispone a recibir grandes dones, así que conociendo tú
que estás en el palacio real de mi Voluntad, recibirás siempre y tomarás tanto, de poder dar a
todos tus hermanos”.
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16-7
Julio 23, 1923
El Divino Querer está en continuo encuentro
con la criatura para darle todos sus bienes.
(1) Estaba según mi costumbre abandonándome toda en el Santo Querer Divino, y mi dulce
Jesús se hacía ver que venía a mi encuentro para recibirme en su Santísima Voluntad, y me
ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Voluntad está en continuo encuentro con la voluntad de la criatura, y en
cuanto el querer humano se encuentra con el mío, recibe la luz, la santidad, la fuerza que
contiene mi Voluntad, Ella está en continuo acto de darse a la criatura para darle la vida del
Cielo anticipada. Si ella me recibe, entonces queda con esta Vida Celestial; si al contrario, en
cada acto que hace no recibe este Querer Supremo, hace fracasar todo intento para su bien,
para hacerla feliz, fuerte, santa, divina y como transformada en una aurora de luz celestial, y
queda con su solo querer humano que la hace débil, miserable, enfangada, que la circunda
con viles pasiones, tanto, de dar piedad, ¿no ves cuántas almas se arrastran por debilidad de
no saberse vencer a hacer el bien, otras que no saben dominarse a sí mismas, otras
inconstantes como cañas al moverse del viento, otras que no saben rezar sin mil distracciones,
otras siempre descontentas, otras que parece que hayan nacido para hacer el mal? Todas
son almas que en todas sus cosas no encuentran a mi Querer, sin embargo mi Querer está
para todos, pero como lo rehuyen no reciben el bien que mi Querer contiene, es justa pena de
quien quiere vivir envuelto en todas las miserias. Pero a este Querer mío al que no han
querido encontrar en vida para darles tantos bienes por cuantas veces lo hubieran encontrado,
lo encontrarán en muerte, para darles tantas penas por cuantas veces han huido de Él, porque
huyéndole se han vuelto culpables, se han manchado, enfangado; es justo que tengan una
pena, formándose para ellos tantos encuentros dolorosos por cuantas veces no se han
encontrado con mi Voluntad en la tierra, pero estos encuentros dolorosos serán sin méritos,
sin nuevas adquisiciones, como deberían haber sido si lo hubieran encontrado en vida, ¡oh!
cuántos gemidos de dolor salen de las prisiones del purgatorio, cuántos gritos de
desesperación se oyen desde el infierno porque mi Querer no ha sido encontrado en la tierra;
por eso hija mía, tu primer acto sea de encontrarte con mi Querer, tu primer pensamiento, tu
latido, sea de encontrarte con el latido eterno de mi Querer, para que tú recibas todo mi amor.
En todo trata de hacer continuos encuentros, a fin de que quedes transformada en mi Querer y
Yo en el tuyo, para poderte disponer a hacer el último encuentro con mi Voluntad en tu última
hora, así no tendrás ningún encuentro doloroso después de tu muerte”.
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16-8
Julio 24, 1923
La voluntad es el depósito de todo el obrar de la criatura.
(1) Me sentía muy oprimida por la privación de mi siempre amable Jesús y decía entre mí:
“Todo ha terminado para mí, por cuanto lo busco no viene, qué tortura, qué martirio”. Pero
mientras esto pensaba, mi adorable Jesús se hizo ver crucificado, que se extendía sobre mi
pobre persona, y una luz que salía de dentro de su adorable frente me decía:
(2) “Hija mía, mi Voluntad contiene todo mi Ser, y quien en sí la posee, me posee a Mí más
que si tuviera mi continua presencia, porque mi Voluntad penetra dondequiera, en las más
íntimas fibras; cuenta los latidos, los pensamientos, se hace vida de la parte más bella de la
criatura, esto es, de su interior, del cual brotan como de una fuente las obras externas,
volviéndola inseparable de Mí; mientras que mi presencia, si no encuentra mi Voluntad en el
alma, no puede ser vida de todo su interior, y ella queda como dividida de Mí, ¿cuántas almas
después de haber gozado de mis favores y de mi presencia, no estando en ellas la plenitud de
mi Voluntad, su luz, su santidad, se han engolfado de nuevo en la culpa, han tomado parte en
los placeres, se han separado de Mí porque no estaba en ellas esa Voluntad Divina que vuelve
al alma intangible de cualquier culpa, aun mínima, por eso las obras más puras, más santas,
más grandes, son formadas en quien posee toda la plenitud de mi Voluntad. Mira, también en
la criatura la supremacía la tiene su voluntad, así que si está ésta tiene vida, y si ésta no está,
parece como un árbol que mientras tiene tronco, ramas, hojas, está sin fruto; la voluntad en la
criatura no es pensamiento, pero da la vida a la actitud de la mente; no es ojo, pero da la vida
a la mirada, porque si tiene voluntad el ojo quiere ver, quiere conocer las cosas, de otro modo
es como si el ojo no tuviera vida; no es palabra, pero da vida a cada una de las palabras; no es
mano, pero da vida a la acción; no es paso, pero da vida al paso; no es amor, deseo, afecto,
pero da vida al amor, al deseo, al afecto. Pero esto no es todo, mientras es vida de todos los
actos humanos, con el cumplirlos la criatura queda despojada de sus mismos actos, como el
árbol cargado de frutos queda despojado por las manos de quien los toma; en cambio, en la
voluntad quedan como selladas las miradas que ha dado, los pensamientos que ha formado,
las palabras que ha dicho, las acciones que ha hecho; así que la mano ha obrado, pero su
acción no queda en sus manos, pasa más allá y quién sabe a donde va, pero en la voluntad
queda, por eso todo queda escrito, formado, sellado en la voluntad humana, y si esto pasa en
la voluntad humana sólo porque he puesto el germen, la semejanza de la mía, piensa tú
misma cómo será la mía en Mí mismo, y cómo será si la criatura se hace poseer de mi
Voluntad”.
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16-9
Julio 27, 1923
Jesús hace el depósito de los bienes, efectos, prodigios, conocimientos que
contiene su Voluntad en una criatura, para después darlos a las demás.
(1) Esta mañana mi dulce Jesús se hacía ver en modo maravilloso, Él estaba de pie sobre
mi corazón, había puesto dos astas sobre las cuales había formado un arco, y en medio había
fijado una ruedita con dos cuerdas, una a la derecha y otra a la izquierda, y colgada una
cubeta; y Jesús con toda prisa hacía descender la cubeta en mi corazón, la sacaba llena de
agua y la derramaba en el mundo, sacaba y derramaba en modo tal de inundar la tierra. Era
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deleitable ver a Jesús como afanarse, chorrear sudor por el trabajo que hacía al sacar tanta
agua. Entonces pensaba entre mí: “¿Cómo es que sale tanta agua de mi corazón, si es tan
pequeño? ¿Y cuándo me la ha puesto?” Entonces el bendito Jesús me hacía comprender
que todo ese aparato no era otra cosa que su Voluntad, que con tanta bondad había obrado
en mí; el agua que sacaba eran todas las palabras y enseñanzas sobre su adorable Voluntad,
que como en depósito había puesto en mi corazón, que más que agua, queriendo regar la
Iglesia para darle el conocimiento de su Voluntad, la sacaba para hacer que se cumpla como
Él quiere. Y luego me ha dicho:
(2) “Hija mía, así como hice en la Encarnación, en que primero deposité en mi querida
Mamá todos los bienes que convenían para descender del Cielo a la tierra, después me
encarné e hice el depósito de mi misma Vida; y de mi Mamá salió este depósito como vida de
todos, así será de mi Voluntad, es necesario que haga el depósito de los bienes, efectos,
prodigios, conocimientos que contiene, después de hecho el depósito en ti, entonces se hará
camino y se dará a las demás criaturas. Por eso, mira, todo está preparado, el depósito está
casi terminado, no queda otra cosa que disponer a los primeros para hacerlo conocer, a fin de
que no quede sin su fruto”.
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16-10
Julio 30, 1923
El alma es la flor celestial.
(1) Estaba fundiéndome en el Santo Querer Divino y mi dulce Jesús al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, cada vez que el alma entra en mi Querer para rezar, obrar, etc., tantas
diversas tintas divinas recibe, una más bella que la otra. ¿No ves cuánta variedad de colores y
de belleza contiene toda la naturaleza? Son las sombras de la variedad de los colores y
belleza que contiene mi Divinidad; ¿pero dónde adquieren las plantas y las flores la variedad
de los colores? ¿A quién le di el oficio de colorear con tantas variadas tintas a tanta diversidad
de plantas? Al sol. Su luz y su calor contienen fecundidad y variedad de colores tales, de
embellecer toda la tierra, y sólo con que la planta se exponga a los besos de su luz, a los
abrazos de su calor, la flor se abre y como correspondiéndole el beso y el abrazo, recibe los
matices de las tintas y forma su bella coloración.
(3) Ahora, el alma que entra en mi Voluntad simboliza la flor que se expone a recibir el beso
y el abrazo del sol para recibir las diversas tintas que el sol contiene, y al corresponderle,
recibe las diversas tintas de la Naturaleza Divina. Es propiamente el alma la flor celestial, que
el sol eterno con el aliento de su luz ha coloreado tan bien, de perfumar Cielo y tierra y alegrar
con su belleza a la misma Divinidad y a toda la corte celestial. Los rayos de mi Querer la
vacían de lo que es humano y la llenan de lo que es Divino; por eso se ve en ella el bello iris
de mis atributos. Por eso hija mía, entra frecuentemente en mi Querer para recibir los matices
y las variadas tintas de la semejanza de tu Creador”.
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Volume 16
13
16-11
Agosto 1, 1923
Toda la Creación contiene el te amo de Jesús. El alma en la Divina
Voluntad debe dar la correspondencia con su te amo en todo.
(1) Me sentía muy afligida porque el día de hoy mi sol Jesús no ha despuntado sobre mi
pobre alma. ¡Oh Dios, qué pena, pasar un día sin sol, siempre noche! Entonces, mientras me
sentía traspasada en el alma, he tenido el bien de mirar el cielo estrellado y entre mí decía:
(2) “¿Cómo es que no recuerda ya nada mi dulce Jesús? Yo no sé cómo la bondad de su
corazón puede tolerar el no hacer surgir el sol de su amable presencia, mientras que me decía
que no habría podido estar sin venir a su pequeña hija, porque los pequeños no pueden estar
largo tiempo sin el padre; son tantas sus necesidades, que el padre está obligado a estar con
ellos para vigilarlos, custodiarlos y nutrirlos. ¡Ah! no recuerda cuando transportándome fuera
de mí misma y llevándome por la bóveda de los cielos, en medio de las esferas celestes y
paseando junto con Él yo imprimía mi te amo en cada estrella, en cada esfera. ¡Ah! me parece
ver en cada estrella mi te amo; me parece que esos centelleos de luz que se forman alrededor
de las estrellas resuenan entre ellos mi te amo Jesús, sin embargo Él no lo escucha, no viene,
no hace despuntar su sol, que eclipsando todas las estrellas, con mi te amo forme uno solo
con el de Él, y elevándome de nuevo en medio de las esferas celestiales imprima un nuevo te
amo Jesús. ¡Ah, estrellas! gritad fuerte, haced resonar mi te amo, para que Jesús, oyéndolo,
venga a su pequeña hija, a la pequeña exiliada. ¡Oh! Jesús, ven, dame la mano, hazme entrar
en tu Santo Querer a fin de que llene toda la atmósfera, el cielo azul, la luz del sol, el aire, el
mar, todo, todo con mi te amo, con mis besos, a fin de que en cualquier lugar donde Tú estés,
si miras, mires mi te amo y mis besos; si oyes, oigas mi te amo y el chasquido de mis besos; si
hablas y respiras, respires mis te amo y mis besos angustiados; si obras, en tus manos corran
mis te amo; si caminas, pises mi te amo y el sonido de mis besos bajo tus pasos; mi te amo
sea la cadena que te atraiga hacia mí y mis besos sean imán potente que, quieras o no
quieras te fuercen a visitar a aquélla que no puede vivir sin Ti”. ¿Pero quién puede decir mis
tantos desatinos? Ahora, mientras esto pensaba, mi adorable Jesús, todo bondad ha venido y
mostrándome su corazón abierto me ha dicho:
(3) “Hija mía, apoya tu cabeza sobre mi corazón y repósate, pues estás muy cansada, y
después giraremos juntos para hacerte ver mi te amo esparcido por todo lo creado”.
(4) Entonces yo me he abrazado a Él, y apoyaba mi cabeza sobre su corazón para
reposarme, pues sentía extrema necesidad. Después, encontrándome fuera de mí misma,
pero siempre estrechada a su corazón ha agregado:
(5) “Hija mía, quiero que tú, que eres la hija primogénita de mi Suprema Voluntad, conozcas
cómo toda la Creación, sobre las alas de mi Querer Eterno lleva mi te amo a las criaturas, y las
criaturas, sobre las mismas alas de mi Voluntad, haciéndola ellas, deberían darme la
correspondencia de su te amo. Mira el cielo azul, no hay punto en el que no esté sellado un te
amo mío hacia la criatura: Cada estrella y su centelleo que le forma corona están tachonadas
de mis te amo; el rayo de sol, mientras se alarga hacia la tierra para llevar la luz, cada gota de
luz lleva mi te amo, y en cuanto la luz invade la tierra y el hombre la mira, le camina encima, mi
te amo le llega en los ojos, en la boca, en las manos y se extiende bajo los pies. El murmullo
del mar murmura te amo, te amo, te amo, y cada gota de agua son teclas, que armonizando
entre ellas forman las más bellas armonías de mi infinito te amo; las plantas, las hojas, las
flores, los frutos, tienen impreso mi te amo, así que la Creación toda lleva al hombre mis
repetidos te amo. Y el hombre mismo, ¿cuántos mis te amo no tiene impresos en todo su ser?
Sus pensamientos están sellados por mi te amo; el latido de su corazón que le resuena en el
pecho con aquél misterioso sonido, tac, tac, tac, es un te amo mío jamás interrumpido que le
Volume 16
14
dice te amo, te amo; sus palabras son seguidas por mi te amo; sus movimientos, sus pasos y
todo lo demás, contienen un te amo mío, sin embargo, en medio de tantas oleadas de mi amor
no sabe elevarse para darme su correspondencia a mi amor. ¡Qué ingratitud, y cómo mi amor
queda doliente! Por eso hija mía te he elegido como hija de mi Querer, a fin de que como hija
fiel defiendas los derechos de tu Padre. Mi amor quiere absolutamente la correspondencia del
amor de la criatura, por lo tanto en mi Voluntad encontrarás todos mis te amo, y tú,
siguiéndolos, imprimirás tu te amo en el mío, por ti y por todos. ¡Oh! cómo estaré contento al
ver el amor de la criatura fundido con el mío, por eso te doy mi Querer en tu poder, a fin de
que todo el amor que he dado en la Creación me lo corresponda una criatura, defendiendo así
los derechos de mi amor”.
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16-12
Agosto 5, 1923
Para cumplir la Redención, Jesús abrió las puertas de la Voluntad Suprema.
Así para cumplir el Fiat Voluntas Tua, abre de nuevo las puertas de su Voluntad.
(1) Estaba toda fundiéndome en el Santo Querer de Dios, y mi dulce Jesús invistiéndome de
una luz suprema me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Humanidad, por cuán santa y pura, si mi Voluntad Suprema no le hubiera
dado la entrada a mi voluntad humana en la Voluntad Divina, no habría podido formar la
completa Redención. A mi voluntad humana le habría faltado la omnividencia, y por lo tanto
no habría podido ver a todos; le hubiera faltado la inmensidad, y no habría podido abrazar a
todos; la omnipotencia, y no habría podido salvar a todos; la eternidad, y no habría podido
tomar todo como en un punto solo y remediar todo. Así que la primera parte en la Redención
la tuvo mi Divina Voluntad, la segunda, mi Humanidad; si no fuera por la Voluntad Divina, la
Redención hubiera sido de pocos y limitada en el tiempo, porque faltándome la luz de la
omnividencia, que hace conocer a todos, no habría podido extenderme a todos. Así que para
poder formar la Redención, no hice otra cosa que abrir las puertas de la Voluntad Suprema a
mi Humanidad, puertas que el primer hombre había cerrado, y dándole campo libre la hice
obrar la Redención propiamente en el seno de Ella. Desde entonces hasta ahora ningún otro
ha entrado en mi Querer Divino para poder obrar como dueño, con plena libertad, como si
fuera suyo, para poder gozar de todo el poder y los bienes que Ella contiene. Mi Voluntad es
en Mí como el alma al cuerpo, y si para los santos ha sido la gracia más grande el hacer mi
Voluntad, la cual como a reflejos ha entrado en ellos, ¿qué será no sólo recibir los reflejos sino
entrar dentro de Ella y gozar de toda su plenitud?
(3) Ahora, si para formar la Redención fue necesario que mi Humanidad y voluntad humana
tuvieran entrada en esta Divina Voluntad, así ahora es necesario que para el cumplimiento del
Fiat Voluntas Tua como en el Cielo así en la tierra, abra de nuevo las puertas de la Voluntad
eterna y haga entrar a otra criatura, y dándole campo libre la haga hacer desde el más grande
al más pequeño acto de ella en la omnividencia, inmensidad y potencia de mi Voluntad. A
medida que entres en Ella y emitas tus pensamientos, tus palabras, obras, pasos,
reparaciones, penas, amor, agradecimientos, así el Querer Supremo acuñará todos tus actos y
recibirán la imagen Divina, con el valor de actos divinos, que siendo infinitos pueden suplir por
todos, llegar a todos, y tener tal ascendencia sobre la Divinidad, de hacer descender a la tierra
esta Suprema Voluntad y llevar los bienes que Ella contiene. Sucederá como al metal, al oro,
a la plata, hasta en tanto que no está acuñada la imagen del rey no se le puede dar el valor de
moneda, pero en cuanto queda acuñada adquiere el valor de moneda y corre por todo el reino,
y no hay ciudad, pueblo, lugar importante donde no goce su prestigio de moneda, y no hay
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criatura que pueda vivir sin ella; podrá ser su metal vil o precioso, esto no importa, con tal que
esté impresa en ella la imagen del rey ella corre por todo el reino y goza de la supremacía
sobre todos y se hace amar y respetar por todos. Así, todo lo que el alma hace en mi Querer,
estando acuñada en ello la imagen divina, corre en el Cielo y en la tierra, tiene la supremacía
sobre todos, no se niega a darse a quien lo quiere, no hay punto donde no se goce de sus
benéficos efectos”.
(4) Ahora, mientras esto decía hemos rezado juntos, y Jesús hacía entrar mi inteligencia en
su Voluntad, y juntos hemos ofrecido a la Majestad Suprema el homenaje, la gloria, la
sumisión, la adoración de todas las inteligencias creadas. Al contacto de la Voluntad Suprema
en los homenajes, en las adoraciones, quedaba impresa una imagen divina, y se difundían
sobre todas las inteligencias creadas como tantos mensajeros hablantes, que se ponían en
orden en la Creación y todos como en relaciones con la Voluntad Suprema. ¿Pero quién
puede decir lo que se veía y comprendía? Y mi dulcísimo Jesús ha agregado:
(5) “Hija mía, ¿has visto? Sólo con entrar en mi Voluntad puede suceder todo esto, por eso
continúa haciendo entrar tus miradas, tus palabras, tu corazón y todo lo demás de ti, y verás
cosas sorprendentes”.
(6) Y después de haber pasado más de tres horas en la Divina Voluntad, haciendo lo que
Jesús me decía y junto con Él, me he encontrado en mí misma. ¿Pero quién puede decirlo
todo? Mi pobre inteligencia me la siento incapaz, si Jesús quiere podré continuar, por ahora
pongo...
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16-13
Agosto 9, 1923
La voluntad humana es tinieblas; la Voluntad Divina es Luz.
(1) Estaba fundiéndome en el Santo Querer Divino, y mi dulce Jesús estrechándome a Sí,
se ha puesto a rezar junto conmigo y después me ha dicho:
(2) “Hija mía, la voluntad humana ha cubierto de nubes toda la atmósfera, de modo que
densas tinieblas penden sobre todas las criaturas, y casi todas caminan cojeando y a tientas, y
cada acción humana que hacen sin la conexión de la Voluntad Divina acrecienta las tinieblas y
el hombre se vuelve más ciego, porque la luz, el sol de la voluntad humana es la Divina
Voluntad, quitada Ésta, luz no hay para la criatura. Ahora, quien obra, reza, camina, etc., en
mi Querer, se eleva por encima de estas tinieblas y conforme obra, reza, habla, así, rasgando
estas densas nubes, manda rayos de luz sobre toda la tierra, de despertar a quien vive en lo
bajo de su voluntad, y prepara los ánimos a recibir la luz, el sol de la Divina Voluntad. Por eso
tengo tanto interés de que tú vivas en mi Querer, para que prepares un cielo de luz, que
mandando continuos rayos de luz venga a despejar este cielo de tinieblas que la voluntad
humana se ha formado sobre su cabeza, de modo que poseyendo la luz de mi Querer puedan
amarlo, y mi Querer amado pueda reinar sobre la tierra”.
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16-14
Agosto 13, 1923
La Virgen fue el inicio, el origen, el germen del Fiat Voluntas Tua
como en el Cielo así en la tierra. Jesús sobre este germen de su mismo
Querer que encontró en su Divina Madre formó el gran plano de la
voluntad humana en la Voluntad Divina. Ahora, por medio de otra
criatura, abrirá el campo de este plano a las generaciones.
(1) Me sentía oprimida por la privación de mi dulce Jesús, y poniéndome a rezar le pedía
que no tardara en venir a mi pobre alma, que no podía ya más. Entonces con sorpresa mía lo
he visto que estaba estrechado a mi cuello, rodeándome con sus brazos, y con su rostro que
tocaba el mío, y con una luz que quería infundir en mi mente; yo, como atraída lo he besado,
pero como si quisiera rechazar la luz y decía entre mí: “A mí no me importa conocer las cosas,
lo que quiero es salvar mi alma, y Jesús sólo me basta para salvarme, todo lo demás es nada”.
Entonces Jesús me ha tocado la frente, no he podido resistir más, y la luz entraba en mí y
decía:
(2) “Hija mía, quien es llamado a un oficio debe conocer los secretos, la importancia, los
deberes, los bienes, el fundador y todo lo que a ese oficio pertenece. Has de saber que una
simple criatura rompió las relaciones que existían entre la Voluntad Divina y la criatura, esta
ruptura destruyó los planes que la Divinidad tenía en la creación del hombre; ahora, a otra
simple criatura, si bien dotada de tantas gracias y privilegios, cual fue la Virgen, Reina de
todos, pero siempre pura criatura, le fue dado el oficio de tener que reanudar, cimentar y
ponerse en relaciones con la Voluntad de su Creador para reparar la primera ruptura de
aquella primera criatura; mujer la primera, mujer la segunda. Fue propiamente Ella, que con
vincular su querer al nuestro nos restituyó el honor, el decoro, la sujeción, los derechos de la
Creación; ¿no fue una sola criatura la que tuvo el inicio del mal y la que formó el germen de la
ruina de todas las generaciones? Así, esta sola Criatura Celestial tuvo el inicio del bien, con
ponerse en relación con la Voluntad de su Creador formó el germen de aquel Fiat Eterno que
debía ser la salvación, la santidad, el bienestar de todos. Ahora, esta Celestial Criatura,
conforme crecía, así crecía en Ella el germen de aquel Fiat Eterno, que haciéndose árbol, el
Verbo Eterno se sintió raptado a reposarse bajo la sombra de su Eterno Querer, y quedó
concebido, formando su Humanidad en aquel seno virginal, en el cual reinaba como Rey
dominante su Supremo Querer. Mira entonces como todos los bienes descienden de mi
Supremo Querer, y todos los males salen en campo cuando la criatura se sustrae de la
Voluntad Divina. Entonces, si no hubiera encontrado una criatura que tuviese por vida mi
Querer, y que no se hubiera puesto en relación Conmigo con aquellos vínculos de la Creación
queridos por Mí, no habría querido ni podido descender del Cielo y tomar carne humana para
salvar al hombre, así que mi Mamá fue el inicio, el origen, el germen del “Fiat Voluntas Tua
come in Cielo così in terra”; porque una criatura lo había destruido, era justo que otra criatura
debía reedificarlo. Y mi Humanidad, que jamás se separó de mi Divinidad, sobre este germen
de mi mismo Querer que encontré en mi Divina Madre formé el gran plano de la voluntad
humana en la Divina Voluntad; con mi voluntad humana unida a la Divina no hubo acto
humano que no pusiera en relación con el Querer Supremo; con el Querer Divino estaba al día
de todos los actos de todas las generaciones, con el querer humano los iba reparando y los
vinculaba con el Eterno Querer; no hubo acto que me escapara y que no fuera ordenado por
Mí en la luz purísima de la Suprema Voluntad. La Redención, podría decir que me costó poco,
habrían bastado mi Vida externa, las penas de mi Pasión, mis ejemplos, mi palabra, y la habría
hecho en muy poco tiempo; pero para formar el gran plano de la voluntad humana en la
Divina, para unir todas las relaciones y vínculos por ella rotos, debí poner todo mi interior, toda
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mi Vida oculta, todas mis penas íntimas, que son de más duración y más intensas que mis
penas externas, y que aún no son conocidas; basta decir que no era el solo perdón lo que
impetraba, la remisión de las culpas, el refugio, la salvación, la defensa en los graves peligros
de la vida del hombre, como lo impetré en mi Pasión, sino era el resurgimiento de todo el
interior, debía hacer surgir ese Sol del Querer Eterno, que atando con fuerza raptora todo el
interior del hombre, aun las más íntimas fibras, debía conducirlo al seno de mi Padre Celestial
como renacido en su Eterno Querer. ¡Oh! cómo me fue más fácil conseguirle la salvación que
reordenarle su interior en mi Supremo Querer, y si esto no lo hubiera hecho, la Redención no
habría estado completa, ni hubiera sido obra digna de un Dios, ni habría ajustado ni ordenado
todas las partidas del hombre, ni restituido aquella santidad perdida con haberse sustraído y
roto las relaciones con la Divina Voluntad. El plano está ya hecho, pero para hacerlo conocer
era necesario que primero el hombre conociera que con mi Vida y Pasión podía obtener el
perdón y la salvación, para disponerlo a hacerle conocer cómo le había conseguido la cosa
más grande y más importante, que es el resurgimiento de su querer en el mío, para restituirle
su nobleza, las relaciones rotas con mi Voluntad, y con esto su estado de origen.
(3) Ahora hija mía, si mi eterna sabiduría dispuso que una Celestial y la más Santa de todas
las criaturas preparara el germen de mi Santo Querer, en el cual Yo formé el plano del
resurgimiento del hombre en mi Suprema Voluntad, ahora por medio de otra criatura,
haciéndola entrar en las eternas moradas de mi Querer y vinculando su voluntad con la mía,
uniéndola a todos mis actos le hago resurgir todo su interior en el Eterno Sol de mi Querer, y
abro el campo de este plano a las generaciones, de manera que quien quiera pueda entrar en
él para ponerse en relación con la Voluntad de su Creador, y si hasta ahora han gozado los
bienes de la Redención, ahora pasarán a gozar los frutos del Fiat Voluntas Tua come in Cielo
così in terra, aquella felicidad perdida, aquella dignidad y nobleza, aquella paz toda celestial
que con hacer su voluntad el hombre había hecho desaparecer de la faz de la tierra. Gracia
más grande no podría hacer, porque con ponerlo de nuevo en relación con mi Voluntad, le
restituyo todos los bienes con los que lo doté al crearlo. Por eso sé atenta, porque se trata de
abrir un gran campo de bienes a todos tus hermanos”.
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16-15
Agosto 16, 1923
La razón por la que Jesús quiere que se haga su Voluntad,
es para encontrar ocasión y medios de poder dar siempre.
(1) Estaba pensando entre mí: “¿Por qué el bendito Jesús tiene tanto interés, quiere y ama
tanto que se haga su Voluntad? ¿Qué gloria puede recibir cuando una pobre y vil criatura
cede su querer en su altísima, santísima y amabilísima Voluntad?” Mientras esto pensaba, mi
amable Jesús con una ternura y dulzura indecibles me ha dicho:
(2) “Hija mía ¿quieres saberlo? Porque es tanto mi amor y mi suprema bondad, que cada
vez que la criatura hace mi Voluntad y obra porque lo quiero Yo, le doy de lo mío, y para darle
siempre de lo mío quiero que haga mi Voluntad; por lo tanto, toda la razón y el interés por lo
cual quiero que haga mi Voluntad, es para encontrar ocasiones y medios para poder siempre
dar; es mi amor que no quiere estar quieto, quiere siempre correr, volar hacia la criatura, pero,
¿para hacer qué? Para dar, y ella con hacer mi Voluntad se acerca a Mí y Yo a ella, y Yo doy
y ella toma. En cambio si no obra para hacer mi Voluntad se pone a distancia de Mí,
haciéndose como extraña a Mí y por tanto no puede tomar lo que Yo le quisiera dar; y si Yo le
quisiera dar de lo mío, le sería nocivo e indigerible, porque su paladar tosco y contaminado por
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la voluntad humana no le dejaría gustar ni apreciar los dones divinos; por lo tanto, todo el
interés es porque quiero dar siempre de lo mío. En cuanto a mi gloria, es la misma gloria mía
la que recibo a través del obrar de la criatura que hace mi Voluntad, es una gloria que
desciende del Cielo y sube de nuevo directamente a los pies de mi Trono, multiplicada por la
Voluntad Divina ejercitada por la criatura; en cambio la gloria que me pueden dar aquellos que
no hacen mi Voluntad, si acaso hubiera alguna, sería una gloria extraña a Mí, que muchas
veces llega a darme náusea. Mucho más, que con el obrar para hacer mi Voluntad y con darle
Yo de lo mío, pongo juntas en esa obra mi Santidad, mi Potencia y Sabiduría, la belleza de mis
obras, un valor incalculable e infinito, podría decir que son frutos de mis huertos, obras de mi
celestial reino, gloria de mi familia y de mis hijos legítimos; por tanto, ¿cómo no podrán
agradarme? ¿Cómo no sentir la fuerza raptora de mi Supremo Querer en aquella obra de la
criatura que sólo obra para cumplir mi Voluntad? ¡Oh! si todos conocieran el bien de Ella no
se dejarían engañar por la propia voluntad”.
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16-16
Agosto 20, 1923
La santidad del vivir en el Divino Querer, a ejemplo de la
Santísima Virgen, no tiene nada de prodigioso exteriormente.
(1) Estaba pensando entre mí: “El buen Jesús dice tantas cosas admirables de su Voluntad,
cómo no hay cosa más grande, más alta, más santa que el alma que llama a vivir en su
Querer. Si así fuera, quién sabe cuántas cosas admirables debería hacer, cuántas cosas
estrepitosas, aun externamente; en cambio, nada que fascine, que impresione, más bien me
siento la más abyecta e insignificante, que nada hago de bien, mientras que los santos,
¿cuántos bienes no han hecho, cosas estrepitosas, milagros? Sin embargo dice que el vivir en
su Querer deja atrás a todos los santos”. Ahora, mientras estos y otros pensamientos
pasaban por mi mente, mi Jesús se ha movido en mi interior y con su acostumbrada luz me
decía:
(2) “Hija mía, la santidad cuando es individual, para un tiempo y para un lugar, tiene más de
prodigioso en lo exterior para atraer a aquellos individuos, lugares y tiempos a recibir aquella
gracia y bien que esa santidad contiene, en cambio la santidad del vivir en mi Querer no es
santidad individual, asignada a hacer bien a aquellos lugares, a aquellos individuos y en
aquellos tiempos, sino que es santidad que debe hacer bien a todos, en todos los tiempos y en
todos los lugares, es una santidad que queda eclipsada en el Eterno Sol de mi Querer, que
invadiendo a todos es luz sin palabra, es fuego sin leña, sin estrépito, sin humo, pero no por
esto deja de ser la más majestuosa, la más bella, la más fecunda, su luz más pura, su calor
más intenso, verdadera imagen del sol que ilumina nuestro horizonte, ilumina a todos, pero sin
estrépito; es luz, pero no tiene palabra, no dice nada a nadie, el bien que hace es germen que
fecunda la vida que da a todas las plantas, y con su calor purifica el aire contaminado y
destruye lo que puede dañar a toda la humanidad, pero es tan callado que a pesar que lo
tienen con ellos no le prestan atención, pero no por esto deja de ser majestuoso y bello, ni deja
de seguir con el bien que hace a todos, y si llegara a faltar todos lo llorarían, viniendo a faltar el
más grande milagro de la fecundidad y conservación de toda la naturaleza. Más que sol es la
santidad del vivir en mi Querer; un alma recta y toda ordenada en mi Voluntad, es más que un
ejército en batalla, su inteligencia está ordenada y vinculada con la inteligencia eterna; sus
latidos, afectos, deseos, están ordenados con vínculos eternos, así que sus pensamientos, su
voluntad y todo su interior son ejércitos de mensajeros que de ella parten, que llenan Cielo y
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tierra, son voces hablantes, son armas que defienden a todos, y por primero a su Dios; llevan
el bien a todos, son la verdadera milicia celestial y divina que la Suprema Majestad tiene toda
reordenada en Sí, siempre pronta a sus órdenes.
(3) Además está el ejemplo de mi Mamá, verdadera santidad del vivir en mi Querer, todo
eclipsado su interior en el Eterno Sol de la Voluntad Suprema, y que debiendo ser la Reina de
la santidad de los santos, Madre y portadora de mi Vida a todos, y por lo tanto de todos los
bienes, quedaba como escondida en todos, llevando el bien sin hacerse conocer; más que
silencioso sol portaba la luz sin palabra, el fuego sin estrépito, el bien sin hacerse notar, no
había bien que no partiera de Ella, no había milagro que de Ella no saliera; viviendo en mi
Querer vivía escondida en todos, y era, y es origen de los bienes de todos. Estaba tan raptada
en Dios, tan fijada y ordenada en la Divina Voluntad, que todo su interior nadaba en el mar del
Eterno Querer, estaba al día de todo el interior de todas las criaturas y ponía el suyo para
reordenarlas delante de Dios. Era propiamente el interior del hombre lo que tenía más
necesidad de ser rehecho, reordenado, más que el exterior, y debiendo hacer lo más, parecía
que dejaba de hacer lo menos, mientras que era origen del bien externo y del interno, sin
embargo aparentemente parecía que no hacía obras grandes y estrepitosas. Ella, más que
sol, pasaba inobservada y oculta en la nube de luz de la Divina Voluntad, tanto que los mismos
santos han dado de ellos aparentemente más, haciendo cosas más estrepitosas que mi misma
Mamá, no obstante, ¿qué cosa son los más grandes santos ante mi Celestial Mamá? Son
apenas las pequeñas estrellas comparadas con el gran sol, y si quedan iluminadas, la causa
es el sol. Pero a pesar de que no hacía cosas estrepitosas, no cesaba, aun visiblemente, de
ser majestuosa y bella, rozando apenas la tierra, toda ocupada en aquél Querer Eterno que
con tanto amor y violencia atraía, raptaba, para transportarlo del Cielo a la tierra y que la
humana familia había tan brutalmente exiliado hasta el Empíreo. Y Ella, con su interior todo
ordenado en el Divino Querer, no daba tiempo al tiempo, si pensaba, si latía, si respiraba, y
todo lo que hacía, eran vínculos fascinantes para atraer el Verbo Eterno a la tierra, y en efecto
venció e hizo el más grande milagro, que ningún otro puede hacer. Esta es tu tarea hija mía,
fascinarme, vincularme tanto con tu interior todo reordenado en el Supremo Querer, para
transportarlo del Cielo a la tierra, a fin de que sea conocido y tenga vida como en el Cielo así
en la tierra. De todo lo demás no te des ni un pensamiento, quien debe hacer lo más no es
necesario que haga lo menos; más bien así se da el campo a que los demás hagan lo menos
para dar a todos el trabajo; Yo sé cuándo es necesario, el tiempo, el lugar, las personas,
cuándo debo hacer conocer, aun con prodigios externos, mis obras más grandes. Tú sigue
siempre el vuelo en mi Querer, llenando Cielo y tierra, para fascinarme tanto que no pueda
resistir a hacer el más grande milagro: Que mi Querer reine en medio de las criaturas”.
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16-17
Agosto 28, 1923
No basta poseer, sino se requiere cultivar y custodiar lo que se posee.
(1) Me sentía sumamente afligida por la privación de mi dulce Jesús, por cuanto lo llamaba y
rogaba, no se dignaba regresar a su pequeña exiliada de acá abajo. ¡Ay, cómo es duro mi
exilio! Mi pobre corazón agonizaba por la pena que sentía, porque Aquél que forma su vida
estaba lejano de mí; pero mientras suspiraba su regreso, ha venido el confesor, y Jesús,
precisamente entonces, después de tanto esperar se ha movido en mi interior, estrechándome
fuerte el corazón se hacía ver y yo le he dicho:
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(2) “Mi Jesús, ¿no podías haber venido antes? Ahora debo obedecer; si te parece bien
vendrás cuando te reciba en el Santísimo Sacramento, entonces quedaremos solos otra vez y
estaremos libres para poder estarnos juntos”.
(3) Y Jesús con un aspecto digno y descuidado me ha dicho:
(4) “Hija mía, ¿quieres tú que destruya el orden de mi Sabiduría y que quite esa potestad
dada a mi Iglesia?”
(5) Y mientras esto decía me hacía participar en sus penas. Después le he dicho:
(6) “Pero dime amor mío, ¿por qué no vienes? Me has hecho esperar tanto, casi hasta
hacerme perder la esperanza de tu regreso, y mi pobre corazón, por la pena, se debate entre
la vida y la muerte”.
(7) Y Jesús todo bondad: “Hija mía, habiendo puesto en ti la propiedad de mi Querer, quiero
que no sólo sea poseído por ti, sino que lo sepas conservar bien, cultivar, agrandar, de manera
de multiplicarlo; así que las penas, las mortificaciones, la vigilancia, la paciencia, y hasta mi
misma privación sirven para agrandar y custodiar los confines de mi Voluntad en tu alma. No
basta el poseer, sino saber poseer; ¿de qué le sirve al hombre poseer una propiedad si no se
toma el cuidado de sembrarla, cultivarla, custodiarla, para después recoger los frutos de sus
fatigas? Si no trabaja su terreno, a pesar de que lo posee se puede decir que no tendrá con
qué quitarse el hambre, así que no es el poseer lo que hace rico y feliz al hombre, sino el
saber cultivar bien lo que posee. Así son mis gracias, mis dones, especialmente mi Voluntad
que cual Reina he puesto en ti, quiere el alimento de ti, quiere el trabajo de tus penas, de tus
actos, quiere que en cada cosa, tu voluntad toda sometida a la suya le dé los honores y el
cortejo que como a Reina conviene, y Ella en cada cosa que hagas o sufras tendrá dispuesto
el alimento con qué nutrir tu alma. Y así tú por una parte y mi Voluntad por la otra, alargaréis
los confines de mi Suprema Voluntad en ti”.
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16-18
Septiembre 2, 1923
Privación de Jesús y otras penas. Amenazas de guerras.
(1) Me sentía muy amargada por la privación de mi adorable Jesús, mucho más que
haciéndose ver como relámpago me hacía salir fuera de mí misma, y mientras Él rápidamente
huía me veía obligada a ver cosas trágicas y funestas, ruidos de guerras, como si quisieran
comprometer a Italia; jefes de gobierno que acercándose a otros jefes ofrecían sumas de
dinero para hacerlos caer en los lazos de la guerra. Desde el mes de enero de este año,
estando un día muy sufriente, Jesús me había dicho que me hacía sufrir para dar luz a las
naciones, porque queriendo hacer la guerra querían arrastrar a otras, ofreciendo grandes
sumas para atraerlas a ellas; ahora me parece que agregan otros esfuerzos para obtener su
intento. ¡Qué dolor, salir fuera de mí misma, ver gentes que sufren, ver armar otro campo de
guerra y no tener a mi Jesús junto conmigo para decirle una palabra, para arrancarle aun a
costa de penas, misericordia para la desventurada humanidad! Y así he pasado bastantes
días en este estado, mi corazón no podía ya más, no sólo sentía la pena de estar casi privada
de mi Jesús, sino también otra pena, tan dura que yo misma no la sé manifestar. Por eso, en
cuanto se ha hecho ver que estrechándose a mi corazón buscaba reposo y refugio, pues no
podía más, yo lo he estrechado y le he dicho:
(2) “Vida mía, Jesús, dime, ¿en qué te he ofendido que no vienes? ¿Qué es esta otra pena
además de la de tu privación que me lacera y me divide de Ti?
Volume 16
21
(3) Y Jesús todo afligido me ha dicho: “Hija mía, ¿acaso has puesto en alguna cosa la
voluntad de ofenderme, pues temes que me haya sustraído de ti?”
(4) Y yo: “No mi Jesús, quiero morir antes que desagradarte”.
(5) Y Jesús: “Pues bien, una hija que ha estado siempre con su padre debe ser atenta en
conocer los secretos, los modos, las causas de cómo trata con ella. ¿Tanto tiempo hace que
estoy contigo y no comprendes aún las causas que me obligan a sustraerme? Pero si tú las
has comprendido también por los graves males que has visto cuando como relámpago he
venido a ti, y sacándote fuera de ti misma te dejaba sola a recorrer la tierra, ¿cuántas cosas
trágicas no has visto? Y además de esto, los grandes preparativos de guerra que están
haciendo las naciones; el año pasado Francia, con moverse contra Alemania sonó la primera
campanada; Italia, con moverse contra Grecia, ha sonado la segunda campanada de guerra,
luego vendrá otra nación que sonará la tercera para llamarlas al combate. ¡Qué perfidia, qué
obstinación! Por eso mi Justicia, no pudiendo soportar más tanta obstinación, me obliga a
sustraerme de ti para quedar libre en su curso; y la pena que tú sientes en tu corazón, además
de la de mi privación, no es otra cosa que la pena de la humanidad dividida de Mí; cierto que
es una pena horrible, tanto que mi corazón se estremeció y agonizó, y ahora, por los vínculos
que tienes Conmigo quedas vinculada con toda la familia humana, y estás obligada a sentir tú
esta pena, que las generaciones humanas con sus horrendos pecados se dividen de Mí.
Ánimo, no te abatas, haz que deje libre el curso a la Justicia, y después estaré de nuevo
contigo, y rezaremos y lloraremos juntos por la suerte del hombre, a fin de que no vaya más
errante sobre la tierra, sino que regrese a su Dios”.
+ + + +
16-19
Septiembre 6, 1923
Cuando cesa el amor comienza la culpa.
(1) Me sentía petrificada por el dolor de la privación de mi dulce Jesús, me parece que
también sus breves visitas como relámpagos, su sombra, van disminuyendo, único sostén mío
en su privación, que como pequeñas gotas de rocío sostienen a la pobre plantita de mi alma,
que quemada, seca por su privación le dan un hilo de vida para no hacerla morir; pero estaba
toda resignada a su Voluntad, y buscaba por cuanto estaba en mí seguir mis actos interiores
como cuando junto con Jesús emprendía el vuelo en su Santísimo Querer, pero ¡oh! cuán
diversos los hacía, los hacía mal, no encontrando a todos para dar por todos a mi Dios.
Entonces estaba diciendo en mi interior:
(2) “Mi Jesús, en tu Querer uno mis pensamientos a los tuyos, y como tus pensamientos
circulan en cada inteligencia creada, quiero que cada pensamiento tome de los tuyos el amor
de tu inteligencia, para poder poner en el vuelo del amor cada pensamiento de criatura; este
vuelo llegue arriba, en el Cielo, ante la Majestad Suprema, y fundiéndose con el Amor Eterno
atraiga a la tierra, sobre todas las criaturas, el amor de la Santísima Trinidad”.
(3) Ahora, mientras esto y otras cosas hacía, mi adorable Jesús se ha movido en mi interior
y suspirando me ha dicho:
(4) “Hija mía, tú no puedes estar sin Mí, y mucho menos puedo Yo estar sin ti; todo lo que tú
sientes en tu corazón, soy Yo; tus ansias, tus suspiros, el martirio que sufres porque estás
privada de Mí, soy Yo, son mis latidos que se repercuten en ti, que te llevan mis penas, que
me ocultan de ti, por esto, no pudiendo más, el amor, superando a la justicia me obliga a
mostrarme”
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